Acabo de adentrarme en esto que se llama blog. Después de darle vueltas al asunto, de renegar de los avances tecnológicos y la comunicación virtual, descubrí cosas interesantes en estos espacios. Por eso, y otro poco, por curiosidad, decidí abrir una cuenta. Cosa que, debo admitir, resultó más sencilla de lo que imaginaba. Tras cumplir con dos de los requisitos, inmediatamente vi publicado un texto que escrbí hace un tiempo.
La elección del título no supuso ningún tipo de esfuerzo. Opté por lo primero que vino a mi cabeza. Aunque, involuntariamente, si hacemos eso que los psicólogos llaman "asociación libre", bien podría reconocer que optar por esas dos palabras no fue un suceso fortuito, sino que tiene que ver con el estado en que me encuentro, con el interés actual por unir pedazos sueltos de un rompecabezas deshecho.
Respecto del título de la primer entrada, signos nuevos para mí, no hay mucho para decir. Carece de originalidad y claro, acorde al texto que le sigue, sólo busca explicar de quién se trata el blog.
Nada más. En adelante, pensaré más antes de proporcionar información, que después, tediosamente, me veo en la obligación, para conmigo y quienes quizás lean, de racionalizar.
viernes, 26 de marzo de 2010
¿Quién soy?
Nunca pude escribir poesía. No se rimar. No respeto los géneros ni las formas literarias consagradas. Me rehúso con fuerza a dejar escrito mi dolor en un margen universal, a estrecharlo en la rigidez de las formas, a poner comas a la furia. Mi mente trasciende cualquier borde, se escapa de los renglones que el fabricante imprimió al papel. No puedo acotar la imaginación como no puedo escribir otra cosa que no sea sobre mí. Todo lo que es en el mundo existe en relación a mí. Soy el centro y la periferia; la amazona herida, en perpetua batalla.
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